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SU ANUNCIO PUEDE ESTAR AQUI! Campanas de Comerío con ecos en Francfort"Mi emisora busca educar y mi motivación es cubrir la falta de variedad musical que aún existe en la radio convencional” WANDA MÁRTIR / Especial para El Nuevo Día La escena es universal: invadido por la tristeza Ramón Rivero “Diplo” agarra a su cerdo y comienza a bajar las cuestas del Comerío del 1953. La humilde barriada de casas de tablas y cinc se inunda de niños y vecinos curiosos que acompañan en procesión al matadero al hombre y al animal. Corre el año 1953 y en “Los peloteros” participaba Marcelino, un niño de diez años que a la sombra de las legendarias estrellas del cine puertorriqueño se enamoraba del mundo de las candilejas. Hoy los pasos de Marcel Rodríguez transitan a la sombra de los rascacielos de la ciudad de Francfort en Alemania mientras su amor por el arte escénico y la música sigue palpitando al ritmo de su Latinjam Radio. El muchacho nacido en la barriada Pasarell de Comerío tiene ahora 65 años, pero su voz, su porte y sus historias son tan intensos como el olor a tabaco del Comerío de su infancia. En la larga película de su vida las escenas han fluido por los vados de La Plata, del Hudson y del Meno. Marcel llegó a Francfort en 2005 junto a su esposa Angelika, una alemana de la cual se enamoró cuando estuvo estacionado con el Ejército en Alemania a finales los 70. Dejando atrás Nueva York la mudanza desde el nuevo escenario siguió presentando bajo el seudónimo del “Salsero mayor”, (por ser salsero y mayor de edad), su Latinjam Radio, una estación de radio de Internet dedicada a la salsa clásica, al “latin jazz” y a las raíces de la música afrocaribeña. “Al principio en la radio de Internet no existían tantas emisoras de música latina y cuando llegó Latinjam Radio al aire la gente pudo ver una clara diferencia”, relata. “Entonces predominaban los ritmos de la cumbia, las bandas mexicanas y en la salsa casi siempre tocaban sólo la romántica. Cuando llegó mi Latinjam rompiendo con una charanga de Johnny Pacheco o con una descarga de Tito Puente, mi programación tuvo un impacto fuerte. La estación es para conocedores de la música tropical, para aquellos que pueden distinguir lo bueno entre lo mucho mediocre que hay por el camino”. Aunque la estación se originó en el 2002 desde Brooklyn y todavía hoy cuenta con una audiencia mayormente norteamericana, Marcel ha logrado atrapar la atención de la comunidad hispanohablante de Alemania así como de los alemanes amantes de nuestros ritmos. “Yo tengo la misión de mantener esta música para el futuro”, expresa. “Mi emisora busca educar y mi motivación es cubrir la falta de variedad musical que aún existe en la radio convencional”. El calificativo de testigo es uno que le va muy bien a este salsero, pues después de todo a “Diplo” no fue a la única estrella a quien le siguió los pasos. Cada noche de conciertos y gracias a que el “bartender” era el novio de su prima y lo colaba, Marcel escuchaba en el Palladium de Nueva York cómo “Machito” contagiaba a la ciudad con la fiebre de su mambo. “Yo veía a Tito Puente y al inolvidable Tito Rodríguez tocando en una misma noche y a Cortijo e Ismael Rivera siempre que venían de Puerto Rico”, relata. “Yo viví en el Palladium el comienzo y luego los cambios que se dieron después en la música latina y en la salsa”. La transformación musical de los años 70 Marcel la vivió aún más de cerca, como vecino del famoso Cheetah Night Club en la Avenida 52 de Nueva York. Allí la Fania grabó su famoso concierto-película “Our Latin Thing”, en cuya distribución en la Isla y estreno en el Teatro Cobián de Comerío estuvo también involucrado. A pesar de que con 11 años se fue a vivir a Nueva York, Marcel se considera más un jíbaro de Comerío que un niuyorrican. Aún no olvida tampoco sus primeras lecciones musicales impartidas por Claudio Torres, autor del himno oficial de Comerío o las que aprendió escuchando en la vellonera del cafetín de sus padres a Daniel Santos, a “Machito” y sus Afro-Cubanos o a la legendaria Mirta Silva. La mudanza a Nueva York no fue fácil, pero la actuación le devolvió el orgullo y la ambición artística de su infancia. “Mi maestro era Ónix Báez, que luego fue director del programa de Iris Chacón”, cuenta. “Yo tenía un acento muy marcado y aunque audicionaba mucho, no me cogía nadie. Pero gracias a Báez llegué a trabajar en programas de la televisión pública de Nueva York. Durante muchos años seguí haciendo de extra en películas y así llegué a compartir con estrellas como José Ferrer, o Robert de Niro”. La escena es universal: es sábado y las 50 campanas de las diez iglesias del centro de Francfort repican al unísono. A Marcel se le ilumina la mirada y sonríe. Ante mí aparece Marcelino jugando en la Plaza de Recreo de Comerío mientras las campanas de la Iglesia Católica llaman a misa a los vecinos del pueblo.
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